Ella se había escondido en su cortina de cabello,
pero pude entrever que sus mejillas eran color carmesí.
-Al monstruo le gusto eso-
Ella no vio mi mirada de nuevo pero jugaba nerviosamente
con un mechón de su cabello entre sus dedos.
Sus delicados dedos, su cintura frágil
-Era tan frágil, que parecia que sólo un suspiro mío podía romperla-
No, no, no. Yo no podía hacer algo así.
Ella era demasiado delicada, tan buena, tan preciosa, tan ajena a su destino.
No podía permitir que mi vida colisionara contra su vida y la destruyera.
Pero tampoco podía estar lejos de ella.
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